Un
método para el aprendizaje del Tango-Danza
En
primer término quisiera aclarar que mi trabajo no se basa exclusivamente
en el método de Feldenkrais. Sería una versión incompleta
afirmar que el tango sensodinamia®
se basa en la combinación del Feldenkrais con el tango.
Entre otras disciplinas, mi formación se basa en una investigación
que incluye la eutonía, la bioenergética, la gimnasia rítmica expresiva,
el contact improvisación, el movimiento evolutivo, la esferodinamia,
el teatro antroplógico, etc.
De todos modos, es
cierto que la filosofía de Feldenkrais aportó la mayor parte de
la inspiración para desarrollar mi método de enseñanza. Lo
más maravilloso de la metodología que desarrolló Moshe Feldenkrais
se basa (muy resumidamente) en las siguientes premisas:
-El
cuerpo humano está preparado fisiológicamente para funcionar con
las fuerzas naturales. Esto significa que si logramos optimizar
la percepción interna de estas fuerzas, lograremos simultáneamente
reducir el esfuerzo tanto en el movimiento como en el funcionamiento
de los órganos vitales.
-Nuestro
cuerpo, como unidad viva, tiene su propio mecanismo de equilibramiento
para preservar la salud y el funcionamiento vital. Éste “impulso
orgánico natural” que atraviesa el desarrollo motriz desde la concepción,
va poco a poco siendo “socializado”. Es decir, que el niño
empieza a condicionar sus necesidades con las exigencias que la
sociedad (incluídos sus padres) le imprimen como “modelos aceptados”.
El resultado es una pérdida de conexión
con las propias necesidades, insatisfacción constante y baja autoestima.
La propuesta es entonces, desandar este camino para recuperar el
natural impulso de aprendizaje motriz.
-Todas
las actividades humanas se basan en impulsos naturales tan misteriosos
como las de los animales. Así, la
necesidad de danzar del hombre es inherente a su especie.
El Ser humano posee
un instinto débil, pero a cambio tiene una gran capacidad para aprender.
Un ejemplo de esto se ve en la diferencia de los pájaros y el hombre:
una especie de pájaro canta la misma canción en diversas partes
del planeta, mientras que el ser humano habla diferentes lenguas
y puede aprender otras.
En síntesis, lo que
me entusiasma de la filosofía Feldenkrais es el espíritu científico
que aporta a la hora de encarar el aprendizaje motriz. Es
como volver a la infancia, con esa libertad de experimentar el cuerpo
como caja de sorpresas. El concepto es ante todo “aprender a aprender”.
El Feldenkrais®,
como todas las disciplinas corporales que se centralizan en el estudio
del funcionamiento del cuerpo vivo, tiene el objetivo de unificar
la conciencia en la percepción del cuerpo como unidad perteneciente
a la red de seres vivos y al cosmos. El sufrimiento que alivia
es precisamente el dolor que produce la fragmentación de la conciencia
y la eterna condena que siente el ser humano de haber quedado fuera
de la naturaleza.
La cultura, la capacidad
de aprender, evolucionar y controlar a otros seres vivos, nos otorga
como especie un gran poder y una gran pena. La capacidad de
discernimiento
del ser humano nos da una gran responsabilidad para con el resto
de los seres vivos. Para respetar y venerar la vida es necesario
primero aprender a respetar la nuestra propia.
Nuestro cuerpo, así
tal cual es, es perfecto y completo para danzar. Nuestra máxima
belleza puede ser despertada a través de nuestra conciencia. Todos
nosotros, no importa la edad, tenemos la oportunidad de recuperar
la inocencia de nuestros movimientos. El tango sensodinamia®,
trabaja pues, para afinar nuestra sensibilidad y recuperar nuestra
conexión con las fuerzas naturales.
Entendiendo por fuerzas naturales toda la energía viva que nos rodea
y que pasa a través de nuestro cuerpo (campo magnético de la Tierra,
aire, presión atmosférica, otros seres vivos) Depurar y despojarse
de los modelos sociales que nos aprisionan y no nos permiten
sentir el constante cambio y ebullición de la vida que circula a
través nuestro. Desde ya que es un camino que requiere de
paciencia y de muchísima ternura y comprensión para con nosotros
mismos y para con aquellos con quienes bailamos.
Et camino del aprendizaje
del tango nos da la maravillosa oportunidad para poder sentirnos
a través de otro cuerpo. Muchas veces nos enojamos con lo
que nuestro compañero de baile nos devuelve y comenzamos una encarnecida
discusión sobre a quién pertenecen los bloqueos. Yo pondría
esos conflictos en el centro de los dos e intentaría una estrategia
a través de la cual cada uno proyecte su conciencia sobre el otro
e intente bailar “a través del cuerpo del otro” así, tal cual se
siente y sin forzar. La aceptación del otro se convierte automáticamente
en autoaceptación y muchas de las tensiones de disuelven inmediatamente.
Y por qué combinar
el tango danza con mi investigación de la conciencia del movimiento?
Justamente porque me parece que el poder de comunión social que
tiene el tango es de un potencial enorme para abrir canales.
El éxito y la trascendencia del tango internacionalmente demuestran
la necesidad de la humanidad de aprender a abrir el centro cardíaco.
Hay algo más poderoso que aprender a hacerlo conscientemente?
En pocas palabras,
el tango sensodinamia®,
así como el feldenkrais, la eutonía, la gimnasia rítmica expresiva
y todas las técnicas que aportan a mi investigación, tienen como
objetivo rescatar el sentido profundo de la vida. En un mundo
moderno donde los modelos de hombre y de mujer massmediáticos se
alejan considerablemente de la realidad, un mundo en donde el amor
y el goce parecerían un privilegio de algunos pocos elegidos, yo
propongo un abrazo de tango real en donde sea posible la apertura
de la fuerza de nuestros corazones.
El tango como costumbre
social es una experiencia joven en el mundo. Aquí en Buenos
Aires tenemos la oportunidad de ver a nuestros mayores compartir
la experiencia. A medida que nos acercamos al final de nuestras
vidas resulta evidente la necesidad de apreciar lo que tenemos y
de considerar a nuestros semejantes. Tal vez será por eso
que el tango de los viejos milongueros sea un ritual de amigos,
de respeto al prójimo y de reverencia a la vida. Los bloqueos
energéticos del cuerpo se instalan a muy temprana edad y sólo resultan
claramente visibles cuando el flujo de energía vital va mermando.
Cuanto antes estemos dispuestos a mirarnos, antes tendremos la oportunidad
de amigarnos con nosotros mismos y con el prójimo.
Más allá de nuestros
conflictos personales, si miramos bien, pronto descubriremos
que todos los seres humanos estamos inmersos en una red social que
sufre más o menos las mismas dificultades que nosotros. Desde esta
perspectiva todos a nuestro alrededor se benefician del trabajo
que hacemos de autoconciencia. Así, tan pequeño y tan enorme es
el aporte que podemos hacer.
En síntesis, la autoconciencia
que aporta el tango sensodinamia®
nos beneficia en: la autoestima y autoaceptación, la expansión
de nuestra sensibilidad, el aflojamiento de tensiones, la optimización
del esfuerzo para el movimiento, la apertura de nuestros canales
energéticos, la elasticidad de nuestra musculatura, la precepción
de nuestro entorno, la rapidez y claridad de pensamiento para la
ejecución motriz. También nos aporta sensibilidad para percibir
el fluir del movimiento tanto dentro de nuestro cuerpo, como el
del compañero.
Estructura de las
clases
En mis clases siempre
combino ejercicios de percepción y conciencia dinámica. Mi
propuesta es arribar a la danza desde un conocimiento profundo de
las sensaciones en relación a las emociones que propone la música.
He decidido trabajar de esa manera después de constatar una y otra
vez que el aprendizaje a partir de secuencias de movimiento (figuras)
pretende cuerpos con parámetros calculables y medibles como si fueran
máquinas perfectas. Este modo, a mi manera de ver, produce
un distanciamiento con la realidad de lo que propone la música,
así como un enjuiciamiento permanente sobre nuestra capacidad motriz
y no respeta el objetivo natural de danzar, que es el de equilibrar
las energías de nuestro cuerpo en un sentido saludable.
Así, podría decir
que todas mis clases son especiales, porque intento adaptarme permanentemente
a las necesidades que la gente me trasmite al momento de darlas.
Siempre estoy preparada para cambiar el rumbo y siempre estoy dispuesta
a escuchar mis propias emociones. Tanto cuando trabajo con
grupos como cuando trabajo con clases indivuduales. Soy a
su vez enseñante y aprendiz porque cada cuerpo tiene una sabiduría
particular, porque cada cultura tiene un conocimiento profundo.
Para lograr el objetivo
de “desenredar” los cuerpos utilizo no sólo música de tango, ya
que muchas veces es necesario atravesar otras
sensaciones antes de llegar al tango. La música tiene un poder
enorme para conectarnos y limpiarnos. El tango tiene el enorme
poder de abrir nuestro corazón, pero a veces es necesario trabajar
sobre otras emociones primero para no tener miedo de abrirnos con
la intensidad que el tango requiere. También
es bueno aprender a cerrar ese canal para no quedar expuestos. Cada
vez que doy una clase me sumerjo con los alumnos en ese viaje para
estar conectada permanentemente con lo que sienten. Utilizo
mi cuerpo como “detector” de emociones y voy eligiendo la música
adecuada para armonizarme y armonizarlos con el objetivo de lograr
una suave apertura que permita enlazar las energías de los cuerpos.
Mi historia personal
El
desarrollo de este método tuvo su razón de ser en mi historia personal.
Hace diez años tuve un accidente en mi columna vertebral.
En ese momento realizaba un muy exigido entrenamiento de danza-teatro
y danzas flamencas. A causa de una hernia de disco lumbar,
me vi forzada a dejar mi formación artística. Después de un
año y medio de tratamientos fallidos, la medicina tradicional me
ofreció la cirugía como solución a mi problema. Yo tomé los consejos
de los médicos y me sometí a la operación, lo cual no solo no mejoró
la situación, sino que la empeoró reduciendo aún más las posibilidades
de rehabilitación por medios naturales.
Un
año después tuve una hemorragia interna producida por un quiste
en uno de mis ovarios. Ese fue el punto
límite y fue entonces cuando decidí tratarme por medios alternativos.
Lo primero que hice fue iniciar un tratamiento de Bioenergética
(técnica de Alexander Lowen, que fue un psicoanalista freudiano
que tomó los conceptos de energía de Gerda Alexander). Al
poco tiempo mi estado de salud mejoró notablemente, lo que me permitió
empezar a estudiar tango danza. En ese momento elegí al tango
porque era la danza que más suave me parecía para rehabilitar mi
columna vertebral.
El equilibrio se reestableció y así hice mis primeros años de tango,
pero el problema resurgió cuando, al querer dedicarme a bailar profesionalmente,
los dolores aparecían una y otra vez impidiéndome avanzar en la
complejidad de la danza. Entonces me di cuenta de que me era necesario
tomar clases de técnica, pero ninguna técnica tradicional contemplaba
mi problema. Eso me obligaba a consumir grandes dosis de antinflamatorios
y relajantes
musculares.
Pero
eso también tocó un límite y me di cuenta de que si realmente quería
bailar tenía que buscar otra cosa. Fue entonces que conocí
a mi maestra Graciela Aldazabal, una mujer que ha desarrollado a
través de los ejercicios de Feldenkrais y Gerda Alexander (entre
otros) una sensibilidad maravillosa para guiar a la gente a la conciencia
del uso de su cuerpo.
A partir de este momento empecé a aplicar lo que iba aprendiendo
en mis sesiones particulares con Graciela, a mi danza. Tanto
fue así que la gente me empezó a consultar sobre la mejor y más
saludable manera de llegar a un movimiento. Después empecé
a dar clases y pude comprobar que es posible aprender a bailar el
tango a partir de comprender la mecánica esencial de nuestro cuerpo
y a compartirla con otro. A demás aprendí en las clases del
sistema de Susana Mildderman (Gimnasia Rítmica expresiva)
a confiar en la
música y en su poder penetrante para el movimiento. La primera
vez que asistí a una muestra de esta técnica no podía creer como
se movía la gente mayor, con una libertad que a los bailarines profesionales
les lleva años desarrollar.
Confiar en nuestros propios impulsos orgánicos para danzar es la
tarea más difícil, pero creo que finalmente es lo que todos buscamos
cuando decidimos empezar a bailar y al fin y al cabo, todos los
grandes bailarines son aquellos que se han dejado modelar por la
música, los que confían en la profunda necesidad de bailar y compartir.
Las técnicas modernas de danza están más centradas en la naturaleza
orgánica del ser humano. Se basan cada
vez más por el respeto por la fuerza vital de nuestro cuerpo y evitan
las lesiones musculares y articulares. Ésta es mi búsqueda
y para llegar a confiar en nuestra energía vital hace falta desarrollar
la conciencia. Es bastante difícil definir lo que es la conciencia,
pero... ¿Ha logrado el ser humano definirla? Para mi es la
capacidad del hombre de saberse vivo y de
modelar esa fuerza. Pero para darle forma hay que respetarla
y entenderla. Para potenciarla con nuestra danza hay que cuidarla
y protegerla. Hay que entregarse al vértigo de vivir, como
lo hacen los árboles, dando sus frutos y soltando sus hojas confiando
siempre en la próxima primavera.
Mi trabajo personal
Cuando comencé con
mi trabajo personal para mejorar mi salud, primero me focalicé en
la zona del dolor. Muy pronto me di cuenta de que tenía que
atender a la totalidad de mi cuerpo si quería producir un cambio
perdurable. Más tarde cuando empecé a bailar tango me di cuenta
de que era importante atender a la relación con mi compañero para
producir un bienestar estable y ahora que enseño me doy cuenta de
que debo atender a la totalidad del grupo para mantenerme en ese
estado de equilibrio. Cada revelación me produjo una
crisis y un crecimiento. Cada visión me puso frente a un desafío
cada vez más complejo. Aún soy una aprendiz porque sería gracioso
afirmar que conozco la inmensidad de la vida.
Una noche hace años
(cuando aún sentía mucho dolor en mi cuerpo) tuve un sueño:
Estaba yo y un grupo de personas en una nave espacial.
Esta nave tenía forma de caracol gigante recubierto con piedritas
de colores. Estábamos, pues, en un viaje. Este viaje
consistía en una cosa: elegir ser otra cosa de la que éramos
en nuestras vidas corrientes. Yo elegía ser maestra. Desperté
con una gran paz y esperanza.
Años después el destino
me llevó al camino de la docencia sin que yo siquiera me lo propusiera.
En este viaje no estoy sola. Todos estamos en esta nave.
Más allá del rol que cada uno de nosotros ocupe en este mundo, todos
somos maestros y aprendices permanentes. El caracol representa
el eterno espiral de los ciclos vitales. Este viaje es la
vida en transformación permanente. Yo los invito a observar este
maravilloso paisaje que está y ha estado allí desde siempre.
Texto: Natacha Iglesias
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